
Se extenderán los ríos más allá de nuestra puerta
la inconclusa puerta por donde transitan los ciegos.
Acomodarán sus ojos de tiza, lóbulos y muecas
en la confortable alfombra que precede esa puerta.
Como un cuerpo oblongo
como un barniz recargado
como hábil nota desertora atenuada por los momentos
que preceden el naufragio llegado
como un soldado fiel al oscurecer
la umbrosa pared
la triste agonía
la felicidad que a veces es un velo abierto
tras la puerta negra donde duermen amigos
discurriendo la áspera señal
que no entendemos
o bien que creemos saber y que
a pesar de todo preguntamos en silencio
al soplar la arena
que circunda nuestros ríos
al creer que es para nosotros
aquél sonido que atraviesa la noche
y no
no
otro acto fallido más
abierto como abismo al filo de palabras y bocas
coloreadas
como un surco que ya no es
o que fué inquetud breve
en medio de tanta lengua rodando intacta
una tarde de enero
piel abajo de los sauces y los ríos que no existieron nunca
cuesta abajo de las puertas
de todas las puertas
que no alcanzamos a cruzar oportunamente
como Ulises deslizándonos
en el espacio que dejan las gotas de lluvia
o los senderos húmedos
de lombrices parpadeantes
nacidas en la misma cuna.
Trapelakucho, enero 2010, underground city
Imagen: Domeño Valencia Serie Los pasos Perdidos