jueves, 19 de marzo de 2009

Yves Bonnefoy


L'adieu

Nous sommes revenus à notre origine.
Ce fut le lieu de l'évidence, mais déchirée.
Les fenêtres mêlaient trop de lumières,
Les escaliers gravissaient trop d'étoiles
Qui sont des arches qui s'effondrent, des gravats,
Le feu semblait brûler dans un autre monde.

Et maintenant des oiseaux volent de chambre en chambre,
Les volets sont tombés, le lit est couvert de pierres,
L'âtre plein de débris du ciel qui vont s'éteindre.
Là nous parlions, le soir, presque à voix basse
A cause des rumeurs des voûtes, là pourtant
Nous formions nos projets : mais une barque,
Chargée de pierres rouges, s'éloignait
Irrésistiblement d'une rive, et l'oubli
Posait déjà sa cendre sur les rêves
Que nous recommencions sans fin, peuplant d'images
Le feu qui a brûlé jusqu'au dernier jour.

Est-il vrai, mon amie,
Qu'il n'y a qu'un seul mot pour désigner
Dans la langue qu'on nomme la poésie
Le soleil du matin et celui du soir,
Un seul le cri de joie et le cri d'angoisse,
Un seul l'amont désert et les coups de haches,
Un seul le lit défait et le ciel d'orage,
Un seul l'enfant qui naît et le dieu mort ?

Oui, je le crois, je veux le croire, mais quelles sont
Ces ombres qui emportent le miroir ?
Et vois, la ronce prend parmi les pierres
Sur la voie d'herbe encore mal frayée
Où se portaient nos pas vers les jeunes arbres.
Il me semble aujourd'hui, ici, que la parole
Est cette auge à demi brisée, dont se répand
A chaque aube de pluie l'eau inutile.

L'herbe et dans l'herbe l'eau qui brille, comme un fleuve.
Tout est toujours à remailler du monde.
Le paradis est épars, je le sais,
C'est la tâche terrestre d'en reconnaître
Les fleurs disséminées dans l'herbe pauvre,
Mais l'ange a disparu, une lumière
Qui ne fut plus soudain que soleil couchant.

Et comme Adam et Ève nous marcherons
Une dernière fois dans le jardin.
Comme Adam le premier regret, comme Ève le premier
Courage nous voudrons et ne voudrons pas
Franchir la porte basse qui s'entrouvre
Là-bas, à l'autre bout des longes, colorée
Comme auguralement d'un dernier rayon.
L'avenir se prend-il dans l'origine
Comme le ciel consent à un miroir courbe,
Pourrons-nous recueillir de cette lumière
Qui a été le miracle d'ici
La semence dans nos mains sombres, pour d'autres flaques
Au secret d'autres champs « barrées de pierres » ?

Certes, le lieu pour vaincre, pour nous vaincre, c'est ici
Dont nous partons, ce soir. Ici sans fin
Comme cette eau qui s'échappe de l'auge.

(Ce qui fut sans lumière - Mercure de France, 1987)

El adiós

Hemos vuelto a nuestro origen.
Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada.
Las ventanas mezclaban demasiadas luces,
Las escaleras trepaban demasiadas estrellas
Que son arcos que se hunden, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra,
Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras,
La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse.
Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja
Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo,
Formábamos nuestros proyectos: pero una barca,
Cargada con piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una orilla, y el olvido
Depositaba ya su ceniza en los sueños
Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es cierto, amiga mía,
Que no hay más que una palabra para nombrar
En la lengua que llamamos poesía
El sol de la mañana y el de la tarde,

Una para el grito de alegría y el de angustia,
Una para el desierto río arriba y los golpes de hacha,
Una para la cama deshecha y el cielo tormentoso,
Una para el niño que nace y el dios muerto?

Sí, lo creo, quiero creerlo, pero ¿qué sombras
Son ésas que se llevan el espejo?
Y, mira, la zarza crece entre las piedras
En el camino de hierba aún apenas abierto
Por el que nuestros pasos iban hacia los jóvenes árboles.
Hoy me parece, aquí, que la palabra
Es el pesebre medio roto del que se escapa
En cada amanecer de lluvia el agua inútil.

La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al mundo.
Sé que el paraíso está diseminado,
Es tarea terrestre el reconocer
Sus flores dispersas en la hierba pobre,
Pero el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue, de golpe, sino un sol poniente.

Y como Adán y Eva caminaremos
Por última vez en el jardín.
Como Adán el primer pesar, como Eva la primera
Osadía, querremos y no querremos
Pasar por la puerta baja que se entreabre
Allá a lo lejos, en la otra punta del ronzal, coloreada
Como auguralmente por un último rayo.
¿Se toma el porvenir en el origen
Como cabe el cielo en un cóncavo espejo?
¿Podremos recoger, de esa luz
Que fue de aquí el milagro,
En nuestras sombrías manos la simiente, para otros charcos
En el secreto de otros campos "cercados de piedras"?

Por cierto, está aquí el lugar para vencer, para vencernos,
El lugar de donde salimos esta tarde. Aquí sin fin
Como esa agua que se escapa del pesebre.


© Yves Bonnefoy
Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

http://www.eldigoras.com/poemes/bonnefoy.htm

miércoles, 4 de marzo de 2009

Atardecer en la Alameda talquina

En los soles que abundan en ciudades
llenas de palomas
en el precipicio que agiganta la distancia

tras los cerros,
la penumbra
arrea estrellas como ganado desperdigado

y aquellos soles ensimismados ocultan

en la boca de los techos
el hilo entrecortado de palabras sin esperanza.

Camino por esta Alameda y es tarde
cuando llego a esa esquina que conoces
(la misma donde nos perdimos)
me detengo
mientras lo que queda
de ciudad me traspasa como viento de otoño.

El aire turbulento mimetiza voces
lastimeras de
evangélicos frustrados invocando plagas del infierno.

A pocos pasos
sentados en el monumento a la biblia
(librito simpático, de tapa negra y letra chica: ilegible)

un grupo de escolares
afectos a la natural sordera
mueven sus axilas como alas de pájaro frenético
y brillan como soles en la oscuridad

felices
porque juegan a la pelota con su corazón.

jueves, 19 de febrero de 2009

Poema tardío del dulce amor desencantado




Noche, noche oscura

vaya estupidez las noches son oscuras

como tus ojos malditos.


Nos volvieron a presentar en la misma
esquina raposa
y recargada de ojos metamorfos.

Nos saludamos como hijos de vecinos.

Bien. Bien.

Pero tú sabías, yo sabía...
que en algún pupitre escolar del viejo Liceo
pegamos nuestros chicles azucarados

sin decir agua va, agua viene...


Esta nocturna salida, queridita mía

hueles bien
y tus pecas siguen
la línea astronómica de las estrellas del norte.

Mis líneas son un poco difusas
pero simples
sencillas y cómodas:

me quedé aquí
soñando
si
soñando días enteros e inútiles
pedazo de carne ingrata
con la ilusa comezón por volver
a besarte
con sabor a menta o fruta.

Que pena olvidaras tan ligeramente
nuestro sabor favorito.
Hay cosas importantes que no deben olvidarse jamás!

Por ejemplo la goma de mascar que nos gustaba

y el cosquilleo serpenteante
de mi fálica firma
en la hoja suave
y tersa de tu envoltorio.

Ramberto Radamés, 2009 febrero


martes, 27 de enero de 2009

Billie Holiday

Billie Holiday - Strange Fruit





CANCIÓN PARA BILLIE HOLIDAY

Y la muerte
nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Con careta antigás daba un beso a los niños

Lady Day las gaviotas heridas vuelven a la luz del puerto
Extraña fruta en el aire el crepúsculo se ausenta
Con una espada con un guante con una bola de cristal
la pecera magnética la cueva del pasado el submarino bajo las
mareas que fulgen
Lady Day cuánto amor en una juventud cuántos errores
cuántas tardes hablando qué deseo qué eléctricos
jazmines
cuántos cow-boys muertos como trovadores la sonrisa en los
labios que se tiñen de sangre
los gritos en las calles las manifestaciones disueltas bajo el
arco voltaico del poniente y los lóbregos edificios
irreales
Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas
Lady Day qué despacio nos viene la experiencia todo cobra un
sentido se ordena como el paisaje en los ojos cuando
recién despiertos corremos las persianas
o intentamos ordenar las palabras de un
poema
Lady Day
Animales heridos en el bosque nuestros ojos qué piden qué
desean
qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel o su presa
disueltos en la fría oscuridad del tiempo
escamoteados como naipes de una baraja los años de nuestra
juventud
Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido.

"Extraña fruta y otros poemas" 1968 - 1969


de Pere Gimferrer
Poeta, traductor y crítico literario español nacido en Barcelona en 1945.

sábado, 17 de enero de 2009

Grieta Nº 1

no existe aquel invento
pequeña y
hueca semilla en el prado

no más
lluvias en abril

pasos de gigante
piedra en el camino

semilla oculta
y
boca en el jarro
sequedad en el ambiente

no existe aquel amor
comprendes?

el olvido es una lápida fría
y solitaria.