miércoles, 21 de mayo de 2008

Es tarde para llegar a una casa decente


para mis amigos de Nueva Bilbao

Es tarde dijo mi madre moviendo aquél dedo

agudo y curvado como sus años.

Respondí que bajé de la montaña

brincando trincheras

arados diezmados como corderos

y frágil varé en la exclamación de aquella tierra congelada

congelada de silencio después de tanto trueno.

Te dije que crucé nuestra isla cubierta de pedregales

horadada por ríos imaginarios posibles

y mis ojos entreabiertos recordando los tuyos

doblaron ramas ya dobladas

siguieron huellas de otras huellas.

No pude explicar que aquél verano fui feliz

te dije (estoy seguro) que regreso a casa

por el gusto de mis cuarenta años asomados en la comisura de los labios

regreso por los geranios refugiados en el balcón

ya sabes el verso “sobre los geranios rosa, una mariposa blanca”

y mis tibias camelias nubosas camelias

tus camelias pintadas de sueños antes de la lluvia.

No creyó mis palabras instantáneas

como esa gris fotografía junto a campesinos

en la toma de 1971

y preguntó por qué llegué tan tarde

que el padre y mis hijos se durmieron esperando.

Respondí que el nombre de la calle

era imposible recordar.

Que guardé los teléfonos de voz suicida

en aquél saco olvidado en el bar de la muerte

donde los malos poetas seguiremos siendo malos poetas.

Le dije – incluso – que amé y odié en ese tiempo de panfletos

y que luego volví a amar

y a odiar desmedidamente hasta el ocaso

sin saber que el dolor dejaba huellas en tu muro blanco.

Digo que amé ciegamente pero todo se fue al olvido.

No creí tanta palabra bonita para no consumir mis energías.

Y aunque no lo creas a lomo de mula bajé la montaña

al lomo de la calle la calle que cruza con mi nombre

porque me buscaban ¿lo recuerdas?

en aquella curva inquieta de calle sin salida

lavada de tumultos arrastrando miseria

como caracol insomne en medio de tanta niebla

como caracol dando pasos de ciego

en el tiempo de nadie entre plumas y golondrinas

ebrio una y otra vez con plumas y golondrinas.

Se acaban las mentiras madre porque la inocencia

no escogió mi nombre

fui inocente digno de inocencia robada para lamer nubes.

No volvió a sonreír

mi madre no cree cuentos de pasillo.

Insistí en doblar la hoja de aquél tiempo

tiempo de rencillas y tabernas.

“La canción es la misma” y ¡Oh fiat lux!

Lord Zeppelín convierte recuerdos en cenizas.

Regresé te dije madre

cansado regresé para quedarme la preciosa sombra

para dormir soñando como el viajero sueña

como la ventana sueña la fría aurora.

Es inútil viajar para encontrarte solo

como veterano de posguerra.

Regresé tarde a tu casa decente

cubierto de cenizas y despoblado de sueños pasajeros

estuve tendido en el lomo de la tarde

sobre cristales verdes

en el césped de la plaza cercada de anuncios ilegibles

con amigos de ocio ciegos como yo

sin embargo atentos

atentos al vuelo de aves ordinarias en este cielo violeta

aves arrendatarias de viejos árboles y postes

la infancia despistada mueve aquellas alas

y siguen vivas completamente en domingo

luego

pregunto si era bueno regresar a casa otra vez.

T.K. (05/2008)





2 comentarios:

Sylvia Rojas Pastene dijo...

Es tarde para la casa decente, pero la hora valiente da tres campanadas en el pecho y luego asiente cú-cú tres veces y tres veces arrepentido.

Bienvenido a Nueva Bilbao.
Un abrazo a la hora exacta...tarde o temprano

Luis Amador dijo...

No hace falta más comentario, ya ha está todo dicho, estimado...

sólo espero nunca alejarme de mi casa decente, para caer en la perdición inaudita y evitable

Saludos...

Amador.